Hacienda: La manzana envenenada

32 mil 709 millones de dólares. Esa es la cantidad de dinero que, hasta hace pocos
días, había sido retirada desde las AFP por los cotizantes que han accedido al 10%
de sus fondos de pensión.
Cuando se esperaba que, ante una situación excepcional como la que estamos
viviendo, el gobierno echara manos a sus recursos para garantizar un estándar de
vida digno a la población durante la pandemia, la tarea de inyectar recursos a
nuestra alicaída economía recayó en los propios trabajadores y en sus ahorros.
Buena parte de esos casi 33 mil millones de dólares -que equivalen a poco menos
de la mitad del presupuesto fiscal del país para 2021- han dinamizado las
actividades económicas locales generando más consumo, mayoritariamente de
tipo primario, pues muchas familias acudieron a estos fondos para subsistir, ante
la tardanza y la precariedad de las ayudas ofertadas por el gobierno.
De no ser por el ahorro al que millones de chilenos han tenido que echar mano –
AFP, fondo de cesantía, recursos propios- la economía interna sería todavía
mucho peor. Más todavía bajo la tutela de un gobierno que no logró aquilatar la
magnitud de las necesidades de la población. Y si es que pudo hacerlo, no tuvo la
voluntad de generar las acciones necesarias para paliar los efectos de la crisis.
Con todo, las proyecciones al mediano plazo no son alentadoras ni para las
pequeñas y medianas empresas, ni para el empleo, ni para el gasto público. Por lo
tanto, también son malas las perspectivas para la inmensa mayoría de las familias
chilenas. ¿Qué va a hacer el gobierno en los meses que vienen? ¿Se la va a jugar
durante su ultimo año de gestión por revitalizar la economía? ¿O va insistir en
endosar el costo a los trabajadores?
Un comité de expertos trabaja en una propuesta para modificar algunos aspectos
del sistema tributario, sobre la base de recomendaciones hechas por la OCDE y el
FMI especialmente en materia de exenciones tributarias. Se espera que la

propuesta esté terminada a fines de enero y que, luego del receso legislativo, se
convierta en proyecto de ley.
No es un tema menor. Según el Servicio de Impuestos Internos sólo durante 2020,
las exenciones alcanzaron los 9 mil 333 millones de dólares. Para varios
especialistas, tales beneficios tributarios no se justifican bajo ningún punto de
visa. Otros son más moderados y apuntan a establecer diferenciaciones respecto
de la exención.
No obstante, rectificar las exenciones tributarias es un paso necesario para
mejorar la recaudación de recursos por parte del Estado.
Tan necesario como reducir al mínimo la evasión tributaria, que promedia los 21
mil millones de dólares anuales, materia sobre la que el Ejecutivo no ha sido ni
claro para condenar ni firme para corregir. E igualmente válido que sincerar la
discusión sobre el impuesto a las superfortunas del país y abordar la necesidad de
poner fin al secreto bancario, al menos de manera parcial, de modo tal de
detectar indicios de cualquier tipo de irregularidad.
En el fondo, los beneficios tributarios discrecionales, la concentración excesiva de
la riqueza y las facilidades para eludir el pago de impuestos se ubican en la base
de la desigualdad, que es uno de los problemas de fondo que sufre Chile y que
limita su desarrollo.
El Ministerio de Hacienda no ha logrado -o no ha querido- ofrecer respuestas a la
altura de las necesidades de la población. El listado de errores, tardanzas y
negativas es extenso y bien conocido.
En tanto, y frente a la mirada atónita de millones de chilenos, el ex ministro
Briones deja su cargo entre aplausos y loas para emprender una carrera
presidencial -la vida es sueño y los sueños, sueños son, escribió Calderón de la
Barca en el año 1635-, y hereda a Rodrigo Cerda la difícil tarea de rectificar los
errores cometidos.

Como en un cuento de hadas y brujas, el nuevo ministro recibe de obsequio una
manzana aparentemente deliciosa, pero envenenada.
Si continúa la ruta trazada por Briones, el país continuará contraído, las pymes
agobiadas y las familias cada día más empobrecidas en medio de cuarentenas
eternas. Si enmienda el rumbo y toma medidas que realmente ayuden a los
chilenos, evidenciará que la gestión de su antecesor fue, en efecto, precaria. Pero
al final del día, el país no necesita liderazgos de laboratorio, sino que exige
servidores públicos que hagan bien su trabajo.
En lo inmediato, hace falta asegurar que el Estado tendrá recursos suficientes
para enfrentar la contracción económica que de seguro rondará nuestra realidad
durante los próximos dos o tres años, antes de regresar recién a un estado pre-
crisis. Hasta ahora, los chilenos han puesto de su bolsillo 32 mil millones de
dólares. ¿Qué está dispuesto a hacer el gobierno?

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