Ley Dominga


Sabemos que no hay ley alguna que pueda moderar siquiera el dolor de una familia tras perder un hijo por nacer o recién nacido. Sí podemos, en cambio, ofrecer una respuesta legislativa que entregue una espacio de alivio para las madres y padres que se enfrentan a una situación tan traumática como ésta.
Un espacio de alivio que, tristemente, hasta el día de hoy no existe. 
La pérdida gestacional es una situación compleja para cualquier familia. Sufren especialmente las mujeres, pero también los hombres comprometidos con la paternidad.
Uno de los conceptos más repetidos en la discusión de esta iniciativa, ha sido el de la deshumanización.  En efecto, por mucho tiempo, la pérdida gestacional o perinatal fue minimizada e incluso invisibilizada. Como si el embarazo fuese un proceso exento de emociones y la pérdida, una cuestión exclusivamente biológica.
Desde ese enfoque, el tema no ha sido motivo de especial preocupación ni en el sistema de salud, que no se hace cargo de los efectos físicos ni psicológicos de las madres, ni en los lugares de trabajo donde hasta ahora no existe un permiso o trato especial para quienes enfrentan el duelo. 
Debemos recuperar, como sociedad, la capacidad de reconocer el sufrimiento de las personas y, en lo posible, ofrecer las herramientas y los espacios necesarios para sobrellevar el dolor.
El proyecto conocido como Ley Dominga aprobado hace pocos días en el Senado, establece que las instituciones de salud públicas y privadas deben contar con un protocolo universal en caso de muerte perinatal, que garantice manejo clínico y un acompañamiento psico-emocional que permita contener a la madre principalmente, pero también al padre, y al núcleo más cercano del hijo o hija fallecido, respetando el duelo de la familia. Y también considera asegurar un tiempo exento de obligaciones laborales.
En definitiva, no basta que nos conmovamos privadamente ante el sufrimiento. Debemos establecer un marco claro de mejor trato, tanto en el ámbito clínico, durante y después del proceso de pérdida, como el espacio laboral. 
No es habitual que un texto legal contenga entre sus ideas matrices los conceptos de empatía, contención y respeto. No es común que las frías leyes se hagan cargo de la necesidad de humanizar procesos y relaciones. Pero, como bien sabemos, el país está cambiando, y las leyes deben también hacerse cargo de representar estos cambios sociales. 

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